lunes, 27 de junio de 2016

Aforismos


Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
Donde reinan los mismos vicios, el mismo destino es inevitable.
En el alma hay tres principios malos: la cólera, el placer y la ignorancia.
Cada hombre es ordinariamente como le place ser, según las inclinaciones a que se abandona y al carácter de su alma.
Nunca una buena educación ha sido funesta para nadie, mientras que las victorias han sido y serán más de una vez funestas para los vencedores.
Hay dos cosas en las que es preciso aguerrir nuestra alma, la una, no temer nada en ciertas ocasiones, la otra, temerlo todo en otras.
No debe pedirse a los dioses ni desear con empeño, que los sucesos se sometan a nuestra voluntad, sino más bien que nuestra voluntad misma siga nuestra razón.
Casi todos los negocios humanos están en manos de la fortuna.
La mayor de todas las enfermedades del hombre es el amor propio. Cuando es excesivo es la causa ordinaria de nuestros errores, porque el amante es ciego en relación a lo que ama.
Es preciso abstenerse en todo exceso en el reír y en el llorar. Se debe manifestar siempre serenidad en los acontecimientos prósperos que el destino les depare y lo mismo en los reveses cuando el destino opone a las empresas montañas insuperables.
El placer, el dolor, el deseo, todo esto es lo propio de la naturaleza humana, estas son las energías de todo animal mortal y las que determinan todos sus grandes movimientos.
La igualdad engendra la amistad.
Todos tienen una tendencia natural a unirse con los que más se les parecen.
El disgusto sigue de cerca a la relación asidua.
No es preciso correr tras el placer ni poner el mayor cuidado en evitar el dolor, sino en atenerse a un cierto término medio.
No hay hombre que reúna en si los talentos necesarios para sobresalir en dos artes o en dos profesiones.
Para ser dichoso no hay que tratar meramente de enriquecerse, sino de enriquecerse por medios justo y con moderación.
La naturaleza mortal inclinará constantemente al hombre a desear tener más que los demás y a pensar solo en sus intereses personales porque aquella huye del dolor y busca el placer sin regla y sin razón.
La ancianidad es mucho más respetable que la juventud a los ojos de los dioses.
Todo joven maltratado por un anciano debe sufrir con paciencia los efectos de su cólera, esperando que él será objeto de la misma deferencia cuando llegue a la vejes.
Las piedras más grandes jamás se colocan bien sin las pequeñas.

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