lunes, 27 de junio de 2016
Aforismos
La mentira es útil cuando nos servimos de ella como un remedio.
¿Un hombre moderado en sus deseos, exento de concupiscencia, de bajeza, de arrogancia, de cobardía puede ser injusto o de un carácter intratable?
Las empresas grandes son azarosas.
Toda demostración a la que falta algo ya no es suficiente.
Sin embargo, es achaque ordinario en muchos el darse desde luego por satisfechos y creer que no hay necesidad de llevar más adelante las indagaciones.
El que sabe reunir los objetos desde un punto de vista general ha nacido para la dialéctica.
¿El oro y la virtud no son como dos pesos puestos en una balanza, no pudiendo subir el uno sin que el otro baje?
No se puede incurrir en un exceso sin exponerse a caer en el exceso contrario.
Cuando un hombre observa una conducta sobria y arreglada, cuando antes de entregarse al sueño reanima la antorcha de su razón, alimentándola con reflexiones saludables…
Cuando sin saciar a la parte animal la concede lo que no puede rehusarle para que se tranquilice y no se turbe con su alegría y su tristeza, la parte inteligente del alma, sino antes bien la deja sola, desprendida de los sentidos, para continuar en sus curiosas observaciones sobre lo que ignora, de los pasado, de los presente y de lo venidero.
La hemos llamado apetito concupiscible a causa de la violencia de los deseos que nos arrastran a comer, beber, al amor y los demás placeres de los sentidos, y la hemos llamado amiga de las riquezas porque el dinero es el medio más eficaz para satisfacer esta clase de deseos.
El interesado colocará el placer del lucro por encima de todos los demás placeres y despreciará la ciencia y los honores, a menos que no crea que son un medio de reunir dinero.
El ambicioso tratará de bajeza el placer de acumular tesoros y de humor vano el estudio de las ciencias, a excepción de las que puedan conducirles a los honores y la gloria.
Es buenos mantenerse firme en las desgracias y no dejarse llevar de la desesperación.
Nada se adelanta con afligirse. La aflicción es un obstáculo.
Reparar los efectos de la mala suerte como se repara una mala jugada de dados, es decir, por los medio que la razón haya mostrado que son los mejores.
Cada uno de nosotros, despreciando todos los demás estudios, debe aplicarse solo a aquel que le haga conocer al hombre cuyas lecciones puedan ponerlo en estado de discernir las condiciones dichosas y desgraciadas y escoger siempre la mejor.
El alma de la sabiduría esta abarrotada de aforismos.
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