
Los conceptos erróneos y los malentendidos que intervienen en nuestras decisiones contribuyen a moldear los acontecimientos en los cuales participamos. Todas nuestras construcciones mentales, con pocas excepciones, tienen fallas reales y potenciales.
Pueden contener un elemento de verdad pero es probable que se exagere la importancia de ese elemento hasta un punto en que distorsiona la realidad. Cuando vamos más allá de las afirmaciones verdaderas, nuestras construcciones mentales tienen fallas.
Debemos tomar decisiones sobre nuestras vidas y para hacerlo debemos sostener opiniones que no pueden ser calificadas como conocimiento verdadero. Necesitamos algunas creencias que nos guíen a través de la vida. No podemos basarnos solamente en la razón.
La racionalidad tiene sus usos pero también tiene sus límites. Si insistimos en mantenernos dentro de los límites de la razón no podemos enfrentar el mundo en que vivimos.
No podemos vivir sin un conjunto de creencias propias con fallas intrínsecas. Nuestra comprensión del mundo en que vivimos es intrínsecamente imperfecta. Estas fallas intrínsecas de las creencias generan incertidumbre causal porque los participantes que operan con un conocimiento imperfecto moldean el curso de los acontecimientos.
Los conocimientos se relacionan con los hechos y las decisiones de los participantes no se relacionan con los hechos, sino con creencias fallidas. De modo que el pensamiento de los participantes y las situaciones reales no pueden ser idénticos, pero tampoco independientes entre sí.
Cuando los acontecimientos tienen participantes que piensan, la cadena de causación no conduce directamente de un conjunto de hechos al siguiente, en la medida en que el pensamiento de los participantes desempeña un papel.
Esto estos casos los hechos generan percepciones, generalmente imperfecta, esta percepciones generan decisiones y de estas decisiones surgen el conjunto siguiente de hechos.
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