Puede ser que no tengamos suficiente egoísmo hoy en día. No
hacen falta normas éticas muy elevadas para semejante punto de inflexión.
¿Cuál es la lógica de la envidia y del resentimiento?. Un
mago le pregunta a un agricultor qué es lo que prefiere: recibir una vaca y que
su vecino reciba dos o que una de sus vacas muera y su vecino pierda dos. Los
eslovenos preferirían la segunda opción. Mejor es que yo sufra antes de que el
vecino obtenga más. Esta lógica es decisiva cuando las cosas van mal, cuando
hacer daño al otro es más importante incluso que tu propia felicidad.
Por eso no creo que el egoísmo sea malo. Una mala persona no
es un egoísta, que solamente está «pensando en sus propios intereses». Un
verdadero egoísta está demasiado ocupado cuidando de su propio bien como para
tener tiempo para causar desgracias a otros. El vicio primordial de una mala
persona es precisamente que está más preocupado por los demás que por sí mismo.
Lo verdaderamente opuesto al egoísta amor por uno mismo no
es el altruismo —una preocupación por el bien común—, sino la envidia, el
resentimiento, que me hace actuar en contra de mis propios intereses. El mal
significa: «Yo te mataré incluso aunque muera haciéndolo». Significa que estás
dispuesto a sacrificarte por el odio hacia otro; estás dispuesto a sacrificar
tu propio bien solo para hacer daño al otro.

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