Nuestra imperiosa necesidad de hallar nexos causales se conforma con que cada proceso tenga una causa demostrable, pero en la realidad exterior difícilmente sucede tal cosa, pues cada fenómeno parece estar más bien sobredeterminado presentándose como efecto de múltiples causas convergente.
En el mundo pasan en todo instante y por tanto ahora, infinidad de cosas. Por lo mismo que es imposible conocer directamente la plenitud de lo real, no tenemos más remedio que construir arbitrariamente una realidad, suponer que las cosas son de una cierta manera.
Esto nos proporciona un esquema, es decir, un enrejado de conceptos.
Con él, como a través de una cuadrícula, miramos luego la efectiva
realidad y solo entonces conseguimos una visión aproximada de ella.
Observad a los que os rodean y veréis como avanzan perdidos por su vida, van como sonámbulos, sin tener la más ligera sospecha de lo que les pasa. Los oiréis hablar en formulas taxativas sobre sí mismo y sobre su contorno, lo cual indicaría que poseen ideas sobre todo ello.
Pero si analizáis someramente esas ideas notareis que no reflejan mucho ni poco la realidad a que parecen referirse y si ahondáis mas en el análisis hallareis que ni siquiera pretenden ajustarse a tal realidad.
Todo lo contrario: el individuo trata con ellas de interceptar su visión de lo real, de su vida misma. Porque la vida es, por lo pronto, un caos donde está perdido.
El hombre lo sospecha pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus ideas no sean verdaderas.
Observad a los que os rodean y veréis como avanzan perdidos por su vida, van como sonámbulos, sin tener la más ligera sospecha de lo que les pasa. Los oiréis hablar en formulas taxativas sobre sí mismo y sobre su contorno, lo cual indicaría que poseen ideas sobre todo ello.
Pero si analizáis someramente esas ideas notareis que no reflejan mucho ni poco la realidad a que parecen referirse y si ahondáis mas en el análisis hallareis que ni siquiera pretenden ajustarse a tal realidad.
Todo lo contrario: el individuo trata con ellas de interceptar su visión de lo real, de su vida misma. Porque la vida es, por lo pronto, un caos donde está perdido.
El hombre lo sospecha pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad y procura ocultarla con un telón fantasmagórico donde todo está muy claro. Le trae sin cuidado que sus ideas no sean verdaderas.
Giovanni Sartori
La ciencia política es un instrumento para intervenir sobre la realidad de que trata. De ahí que estudie los problemas según el criterio pragmático de verdad: es verdadera la solución que funciona, es exacto el proyecto que alcanza éxito en su aplicación.
Para poner en ejecución un determinado programa no basta con tener la fuerza bruta para imponerlo, ella por sí sola no es suficiente para demostrar que dicho programa sea aplicable y que puede tener éxito. Si se cometieron errores de cálculo el programa es inaplicable.
La aplicabilidad de un proyecto depende de la correspondencia entre el propósito y los resultados. Deducir la política práctica de la filosofía conduce solo a conseguir resultados completamente diferentes a los que la teoría confiaba en obtener.
En la naturaleza no ocurre jamás que un efecto preceda en el tiempo a su causa, es siempre la causa la que viene primero. Pero en los asuntos humanos sucede también lo contrario: el efecto puede muy bien preceder en el tiempo a la causa.
Es que un animal simbólico no reacciona a los acontecimientos que efectivamente suceden y que han ocurrido ya, sino a las expectativas de acontecimientos. Así en las ciencias sociales tenemos también una causalidad que va al revés en el tiempo.
Si se desea determinado fin entonces se requieren determinados medios. El control tiene lugar en la aplicación práctica. Una teoría que falla en la aplicación está equivocada, debe ser descartada o modificada. Por el contrario, una teoría que tiene éxito en su aplicación es una teoría exacta.
El hombre no solo no es un animal racional sino tampoco un animal razonable. Los hombres actúan impulsado por la fe y no por la razón, creen antes de comprender y sobre todo sin comprender, no saben lo que hacen y hacen sin saber. Lo que cuenta, por lo tanto, son las ideologías y los sentimientos.
Por eso la realidad política escapa por completo a la captación de la ciencia y por consiguiente que el consejo practico del teórico será siempre un consejo equivocado.
Sucede a menudo que el denominado hombre de acción primero actúa y después busca la explicación teórica de lo que hizo. La teoría no es tanto una guía para la acción como un modo de justificar los propios actos.
No debemos creer que la praxis llega a ser alguna vez la reproducción exacta en el hacer de lo que se ha proyectado en el pensar. No puede serlo ya que hay que adaptar un programa de acción a circunstancias específicas. El comportamiento político está constituido por opciones que se hacen con relación a ciertos fines en función de los medios disponibles.
La ciencia política es un saber operativo en cuanto asegura que los medios son adecuados y que se adaptan a los fines propuestos. Ninguna elección puede ser solamente elección de los fines, dado que los medios son siempre escasos. No basta decir: quiero este fin. Habrá que determinar también si el fin puede obtenerse y por lo tanto la elección de los fines queda condicionada por la disponibilidad de los medios.
La lógica pura es la lógica que construye un discurso verdadero, exento de errores. La lógica pragmática es la lógica de la comprobación. En la lógica pura el criterio de verdad es la coherencia, en la lógica de la comprobación el criterio de verdad es la prueba: es verdadero lo que se ve confirmado en la práctica, es verdadera la teoría que funciona en la aplicación.
Si una teoría no funciona en la práctica es falsa la teoría. La desgracia es que las más de las veces el que sabe no actúa. En la mayoría de los casos el que teoriza, teoriza para otro.
Es así que una lógica pura es trasladada indebidamente hacia donde se requiere una lógica pragmática. Una acción racional en sus planteos se transforma fácilmente en una acción irracional en sus efectos.
Fernando Pessoa
La naturaleza esconde, no revela. Todo este universo luminoso y oscuro a cuya suma de energías llamamos naturaleza es una máscara, un vestido y un sueño.
Friedrich Nietzsche
El pensador ve en sus propios actos tentativas e interrogantes encaminados a obtener aclaraciones sobre algo, el éxito y el fracaso son para él, antes que nada, respuestas.
Edgar Morín
El ideal del conocimientos científico clásico es descubrir detrás de las complejidades aparentes de los fenómenos un orden perfecto.
La racionalidad es el dialogo incesante entre nuestro espíritu que crea las estructuras lógicas, que las aplica al mundo y que dialoga con ese mundo real. Cuando ese mundo no está de acuerdo con ese sistema lógico hay que admitir que nuestro sistema lógico es insuficiente, que no se encuentra más que con una parte de lo real.
La racionalización es querer encerrar la realidad dentro de un sistema coherente y todo aquello que contradice en la realidad a ese sistema coherente es descartado, puesto al margen, visto como una apariencia.
Todos tenemos una tendencia inconsciente a descartar de nuestro espíritu lo que lo va a contradecir. Vamos a minimizar los argumentos contrarios, vamos a tener una atención selectiva hacia aquello que favorece nuestra idea y una inatención selectiva hacia aquello que la desfavorece.
Tenemos a veces la impresión de que la acción simplifica porque ante una alternativa optamos. La acción es una elección pero es también una apuesta. El dominio de la acción es muy aleatorio. En el momento en que un individuo emprende una acción esta comienza a escapar a sus intenciones.
Esa acción entra en un universo de interacciones y es, finalmente, el ambiente el que toma posesión en un sentido que puede volverse contrario a la intención inicial. La acción supone complejidad, es decir, azar, iniciativa, decisión y conciencia de las derivaciones
La ciencia política es un instrumento para intervenir sobre la realidad de que trata. De ahí que estudie los problemas según el criterio pragmático de verdad: es verdadera la solución que funciona, es exacto el proyecto que alcanza éxito en su aplicación.
Para poner en ejecución un determinado programa no basta con tener la fuerza bruta para imponerlo, ella por sí sola no es suficiente para demostrar que dicho programa sea aplicable y que puede tener éxito. Si se cometieron errores de cálculo el programa es inaplicable.
La aplicabilidad de un proyecto depende de la correspondencia entre el propósito y los resultados. Deducir la política práctica de la filosofía conduce solo a conseguir resultados completamente diferentes a los que la teoría confiaba en obtener.
En la naturaleza no ocurre jamás que un efecto preceda en el tiempo a su causa, es siempre la causa la que viene primero. Pero en los asuntos humanos sucede también lo contrario: el efecto puede muy bien preceder en el tiempo a la causa.
Es que un animal simbólico no reacciona a los acontecimientos que efectivamente suceden y que han ocurrido ya, sino a las expectativas de acontecimientos. Así en las ciencias sociales tenemos también una causalidad que va al revés en el tiempo.
Si se desea determinado fin entonces se requieren determinados medios. El control tiene lugar en la aplicación práctica. Una teoría que falla en la aplicación está equivocada, debe ser descartada o modificada. Por el contrario, una teoría que tiene éxito en su aplicación es una teoría exacta.
El hombre no solo no es un animal racional sino tampoco un animal razonable. Los hombres actúan impulsado por la fe y no por la razón, creen antes de comprender y sobre todo sin comprender, no saben lo que hacen y hacen sin saber. Lo que cuenta, por lo tanto, son las ideologías y los sentimientos.
Por eso la realidad política escapa por completo a la captación de la ciencia y por consiguiente que el consejo practico del teórico será siempre un consejo equivocado.
Sucede a menudo que el denominado hombre de acción primero actúa y después busca la explicación teórica de lo que hizo. La teoría no es tanto una guía para la acción como un modo de justificar los propios actos.
No debemos creer que la praxis llega a ser alguna vez la reproducción exacta en el hacer de lo que se ha proyectado en el pensar. No puede serlo ya que hay que adaptar un programa de acción a circunstancias específicas. El comportamiento político está constituido por opciones que se hacen con relación a ciertos fines en función de los medios disponibles.
La ciencia política es un saber operativo en cuanto asegura que los medios son adecuados y que se adaptan a los fines propuestos. Ninguna elección puede ser solamente elección de los fines, dado que los medios son siempre escasos. No basta decir: quiero este fin. Habrá que determinar también si el fin puede obtenerse y por lo tanto la elección de los fines queda condicionada por la disponibilidad de los medios.
La lógica pura es la lógica que construye un discurso verdadero, exento de errores. La lógica pragmática es la lógica de la comprobación. En la lógica pura el criterio de verdad es la coherencia, en la lógica de la comprobación el criterio de verdad es la prueba: es verdadero lo que se ve confirmado en la práctica, es verdadera la teoría que funciona en la aplicación.
Si una teoría no funciona en la práctica es falsa la teoría. La desgracia es que las más de las veces el que sabe no actúa. En la mayoría de los casos el que teoriza, teoriza para otro.
Es así que una lógica pura es trasladada indebidamente hacia donde se requiere una lógica pragmática. Una acción racional en sus planteos se transforma fácilmente en una acción irracional en sus efectos.
Fernando Pessoa
La naturaleza esconde, no revela. Todo este universo luminoso y oscuro a cuya suma de energías llamamos naturaleza es una máscara, un vestido y un sueño.
Friedrich Nietzsche
El pensador ve en sus propios actos tentativas e interrogantes encaminados a obtener aclaraciones sobre algo, el éxito y el fracaso son para él, antes que nada, respuestas.
Edgar Morín
El ideal del conocimientos científico clásico es descubrir detrás de las complejidades aparentes de los fenómenos un orden perfecto.
La racionalidad es el dialogo incesante entre nuestro espíritu que crea las estructuras lógicas, que las aplica al mundo y que dialoga con ese mundo real. Cuando ese mundo no está de acuerdo con ese sistema lógico hay que admitir que nuestro sistema lógico es insuficiente, que no se encuentra más que con una parte de lo real.
La racionalización es querer encerrar la realidad dentro de un sistema coherente y todo aquello que contradice en la realidad a ese sistema coherente es descartado, puesto al margen, visto como una apariencia.
Todos tenemos una tendencia inconsciente a descartar de nuestro espíritu lo que lo va a contradecir. Vamos a minimizar los argumentos contrarios, vamos a tener una atención selectiva hacia aquello que favorece nuestra idea y una inatención selectiva hacia aquello que la desfavorece.
Tenemos a veces la impresión de que la acción simplifica porque ante una alternativa optamos. La acción es una elección pero es también una apuesta. El dominio de la acción es muy aleatorio. En el momento en que un individuo emprende una acción esta comienza a escapar a sus intenciones.
Esa acción entra en un universo de interacciones y es, finalmente, el ambiente el que toma posesión en un sentido que puede volverse contrario a la intención inicial. La acción supone complejidad, es decir, azar, iniciativa, decisión y conciencia de las derivaciones
Todo cuanto hacemos trae sus consecuencia pero no siempre lo justo y
razonable produce consecuencias felices ni tampoco lo absurdo
consecuencias desdichadas, sino que a menudo sucede todo lo contrario.
No hay comentarios:
Publicar un comentario