Hay tres cosas que solo pueden comprobarse en tres
circunstancias: no se puede saber si un hombre es verdaderamente buenos más que
en sus iras, si un hombre es valeroso más que en el combate y si un hombre es
afable más que en la necesidad.
No trates a la gente por lo que diga sino lo que hace. El
peor de los hombres es aquel que deja que los malos deseos se apoderen de su
corazón.
Cuando un error se suma a otros entre todos causan lo que
ninguno de ellos habría provocado por sí solo. Y así es como los grandes poetas
trágicos escribieron sus historias: como una trama de circunstancias al parecer
casuales misteriosamente anudadas por la ira de los dioses.
La mejor estrategia consiste en mantenerse siempre muy
fuerte, primero en términos generales, luego en los aspectos decisivos. No
existe ley de la estrategia más importante ni más simple que la de mantener
concentradas las fuerzas. En síntesis: el principio básico es: actúe con la
máxima concentración.
Concéntrese en un único objetivo, en una sola tarea, no se
puede dar en dos blancos con una sola flecha. Valore la intensidad más que la
extensión, la calidad más que la cantidad. Si se siente inseguro frente a
determinado curso de acción no lo intente. Sus dudas y titubeos se transmitirán
a la ejecución del plan. Las acciones se tornan peligrosas cuando se duda de su
sabiduría, en tal caso mejor sería no hacer nada.
Lo mejor es encarar la acción con audacia. Cualquier error
que usted cometa por ser audaz se corregirá con facilidad mediante más audacia.
La vacilación pone obstáculos en el camino, la audacia los elimina.
Cardenal de Retz
El temor siempre magnifica las cosas, da cuerpo a todas las fantasías.
Es así como una persona temerosa raras deja de enfrentar problemas reales ocasionados
por peligros imaginarios. Se dan pasos en falso por el mismo temor que se tiene
de caer en ellos.
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