jueves, 29 de marzo de 2018

Actuar es emplear medios tendientes a un fin dado

Actuar es emplear medios tendientes a un fin dado y la eficacia reside en la adecuación entre el fin y los medios.
Entre el medio y el fin al que se apunta siempre se corre el riesgo de que se interpongan acontecimientos imprevisibles que obstaculicen la supuesta eficacia del medio y pongan el fin fuera del alcance. Las circunstancias son, a menudo, imprevistas, hasta imprevisibles, incluso totalmente inéditas.
La persona de acción debe ser capaz de resistir a las dudas, a los miedos y a veces al derrotismo de quienes la rodean. Siempre hay alguien que le aconseja que renuncie o, por lo menos, que aplace su proyecto.
Lo que cuenta es tener clara la meta final. Pero los medios a usar y el camino a seguir deben ser rápidamente cambiados a medida que se conoce la realidad.
 
Una decisión racional exige pensar en todas sus consecuencias. Una decisión no es otra cosa que elegir una entre varias actuaciones posibles, estimar las consecuencias razonables de cada una de esas actuaciones y evaluar las probabilidades de cada una de las consecuencias.
El proceso de decisión trata de combinar la lista posible de acciones, las consecuencias esperadas de cada una de estas acciones, y las probabilidades de cada una de esas consecuencias.
Cada acción con sus respectivas consecuencias irá acompañada de la probabilidad y de la utilidad del resultado.
Asumir la posibilidad de fracasar facilita éxitos posteriores. Los que pasan a la acción asumiendo la posibilidad de equivocarse están facilitando el aprendizaje que todo fracaso encierra. Dentro del fracaso podemos encontrar las claves que lo explican, lo que posibilita un nuevo intento más productivo.
Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesita aprender. El acierto solo se alcanza después de varias rectificaciones.

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