lunes, 25 de septiembre de 2017

Conan Doyle


El cerebro de una persona es como un pequeño ático vacío en el que hay que meter el mobiliario que uno prefiera. Las gentes necias amontonan en ese ático toda la madera que encuentran a mano y así resulta que no queda espacio para los conocimientos que podrían serles útiles.
El artesano hábil tiene muchísimo cuidado con lo que deja entrar en el ático del cerebro. Solo admite las herramientas que pueden ayudarle a realizar su labor, pero de estas sí que tiene un gran surtido y lo guarda en el orden más perfecto.
Es un error el creer que la pequeña habitación tiene paredes elásticas y que puede ensancharse indefinidamente.
Llega un momento en que cada conocimiento nuevo que se agrega supone el olvido de algo que ya se conocía. Por consiguiente, es de la mayor importancia no dejar que los datos inútiles desplacen a los útiles.

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