Una teoría científica es un conjunto de conjeturas acerca del modo en que se comporta algún sector de la realidad. Las teorías se construyen para explicar aquello que nos intriga, para resolver algún problema o para responder a preguntas acerca de la naturaleza.
La palabra verdad indica la correspondencia entre nuestras creencias y lo que ocurre en la realidad, entre los que atribuimos a la realidad en nuestro pensamiento y lo que realmente existe en el universo. Entonces, la verdad se funda en el vínculo que existe entre nuestro pensamiento a través del lenguaje y lo que ocurre fuera del lenguaje.
La lógica trata acerca de ciertos medios a través de los cuales puede propagarse el conocimiento. Una vez admitidos algunos conocimientos como ya probados, hay otros que parecen requerir una aceptación forzosa por cuanto se deducen de los anteriores.
La verdad de ciertas afirmaciones depende de la verdad de otras afirmaciones que se toman como punto de partida. Es posible apoyarse en algunas verdades simples con el fin de mostrar que otras verdades se obtienen como resultado forzoso de la actividad del razonamiento. Esto nos permite obtener nuevos conocimientos a partir de los que ya se disponen.
Cuando hablamos de razonamiento entendemos un encadenamiento de enunciados, todos los cuales, salvo el último, expresan conocimiento en principio ya obtenido. Se dispone de enunciados que no se discuten a partir de los cuales realizamos razonamiento y obtenemos conclusiones que proporcionan nuevos conocimientos.
Un razonamiento es correcto si la manera en que está construido garantiza la conservación de la verdad. Si las premisas son verdaderas y la forma del razonamiento es de tal naturaleza que garantiza la conservación de la verdad, entonces la conclusión obtenida debe ser necesariamente también verdadera. Si se parte de premisas verdaderas y se emplea un razonamiento que no garantiza la conservación de la verdad, la conclusión puede ser falsa.
Si se parte de falsedades hay que atenerse a las consecuencias, porque puede pasar cualquier cosa. Puede ser que se obtenga una conclusión falsa pero también puede ser que se obtenga una conclusión verdadera. Si el punto de partida del razonamiento está desacertado nada podemos saber acerca de la conclusión.
La verdad de la conclusión no nos informa nada acerca del valor de la verdad de las premisas: estas podrían ser verdaderas o bien falsas. He aquí porque probar que algo es verdad sea tan difícil. Un científico puede construir una teoría, deducir correctamente de ella una conclusión y comprobar por observación que la conclusión es verdadera. Pero aun así no tiene garantías de que las hipótesis de sus teorías sean acertadas.
Si un científico es cuidadoso en cuanto a las formas del razonamiento que emplea y no usa razonamientos incorrectos y si a partir de sus hipótesis iniciales llega a obtener una falsedad no cabe la menor duda de que alguna de las premisas de las que partió debe ser falsa. Por lo tanto, debe haber fallas en aquella hipótesis. La razón es muy simple: no es posible que las premisas sean todas verdaderas, que se haya razonado correctamente con garantías de conservación de la verdad y que haya sin embargo obtenido una falsedad. Si la falsedad queda establecida mediante observaciones, no hay más remedio que admitir que algunas de las hipótesis de partida han fallado.
El proceso de deducción permite hallar consecuencias observacionales de la teoría. Una teoría es aceptable solo si tiene consecuencias observacionales. El examen de estas contrastación observacionales se llama contrastación.
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