Una persona da a un problema una solución creativa cuando genera una respuesta de nuevo cuño, que no se conocía con anterioridad y que resuelve el problema de que se trate. Las respuestas en apariencia originales eran consecuencia de uno de dos procesos.
Por una parte la nueva situación podría asemejarse a una situación antigua, ya conocida. Dado que la situación nueva contiene elementos que son familiares, estos elementos familiares servirán de base para generalizar a la situación nueva la respuesta que ya entonces dimos.
Los nuevos problemas llegarían a ser resueltos porque en realidad no son nuevo, sino que de hecho se trata de situaciones ya conocidas vestidas con ropajes ligeramente distintos. La solución de un nuevo problema se produce a causa de que la nueva situación es semejante en algún aspecto a otra situación que la precedió. A causa de tal semejanza las antiguas asociaciones son transferidas a la situación nueva y el nuevo problema queda resuelto.
Si la situación nueva no se asemejase a ninguna situación antigua entonces la persona se comportaría aleatoriamente combinando diversas respuestas de toda suerte de formas. Si una situación nueva no fuera similar a alguna ya experimentada, lo único que el organismo podría hacer es actuar al azar. O bien, el producto es en realidad algo antiguo o si es nuevo se ha producido por accidente.
Los procesos creativos van evolucionando gradualmente. La solución se obtiene evolutivamente a través de una serie de tentativas de resolver las insuficiencias de las soluciones anteriores. Cuando la información adquirida durante el trabajo de solución del problema fuerza al sujeto a enfocarlo desde un nuevo ángulo se generan nuevas soluciones.
La solución es una evolución de tentativas anteriores. Lo típico es que el sujeto trate en primer lugar de aplicar directamente al problema conocimientos procedentes de experiencias pasadas. El problema logra frustrar tales intentos obligando al sujeto a modificar su solución anterior para ajustarse a los requisitos del problema.
El proceso de resolución comienza con la aplicación directa de experiencias pasadas. La experiencia previa constituye la base desde la cual emprendemos la solución de problemas. Después vamos modificando las soluciones incorrectas. Dado que la situación es nueva para atender a las nuevas exigencias concretas no es posible aplicar los conocimientos ya adquirido sin modificación. Las personas crean soluciones a los problemas nuevos partiendo de lo que ya saben y posteriormente las modifican para adaptarlas al problema concreto que se tenga entre manos. En cada paso del camino, el proceso supone una pequeña desviación de lo ya conocido. Los cambios en el método de atacarlo se producen en respuesta a la información de que se va disponiendo mientras se trabaja en el problema.
En ocasiones la persona puede quedar fijada en la experiencia anterior tratando erróneamente de basarse en ella a pesar de no ser relevante al caso. Pueden tratar de seguir aplicando el método que anteriormente tuvo éxito a pesar de no ser ya adecuado y encontrarse por ello incapaces de resolver problemas que individuos sin experiencia resolverían fácilmente.
Al recurrir a las experiencias previas en situaciones donde no es aplicable la persona experimentada fracasa completamente. Los sujetos que quedan fijados en el método que anteriormente les dio buenos resultados no son capaces de romper con él y enfocar cada problema nuevo como una situación única.
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