La causa principal de un espíritu angustiado por la
espera de lo futuro es que no nos adaptamos a las circunstancias
presente, sino que proyectamos nuestros pensamientos a la lejanía. Así
es como la previsión, supremo bien de la condición humana, ha sido
pervertida.
Lo que te mando es que no seas desgraciados ates de
tiempo. Cosas hay que nos atormentan más de lo que es de razón, otras
que nos atormentan antes que sea razón y otras, en fin, nos atormentan
con absol
uta sinrazón.
Es un viejo proverbio que el gladiador toma su consejo en la misma arena.
Un consejo concreto sobre la oportunidad y la manera de hacer una cosa,
nadie lo dará desde lejos, hay que deliberar teniendo presente la
realidad.
Y aun no basta estar presente sino estar alerta además y al acecho de la ocasión que se aproxima.
Examina los hombres uno por uno, todos orientan la vida hacia el día
de mañana. Preguntase que mal hay en ello. Incalculable. Porque estos
tales no viven, sino que esperan vivir, todo lo aplazan.
Vivir es un don de los dioses inmortales y vivir bien un fruto de la filosofía.
Como si la fortuna prospera y buen juicio fuesen incompatibles, en la
adversidad pensamos más cuerdamente, la prosperidad nos queta el recto
pensar.
Es inútil hacer obras sin estudios que las respalden.
Todas las cosas son inciertas aun para los afortunados, nadie debe
prometerse nada de lo que está por venir. Nada difiramos para el día de
mañana, saldemos cada día nuestras cuentas con la vida.
El mayor inconveniente de la vida es que siempre es incompleta, siempre reservamos una parte para el futuro.
Condúceme, oh padre dominador del cielo soberano, donde quiera que te
plazca, no hay tardanza en mi obediencia. A quien es dócil llévanle los
hados, los hados que arrastran al rebelde