El edificio filosófico de Epicuro descansa en la necesidad
de calmar la angustia del hombre en este mundo. La condición básica para
disfrutar de la tranquilidad epicúrea es aceptar los hechos naturales tal como
son. Los errores y los engaños sobre el mundo y sobre nosotros mismos son los
que constituyen la fuente de las desgracias humanas, por eso el problema del
error y de la verdad se convierte en un punto fundamental de la doctrina epicúrea.
La causas de las desgracia es una mala interpretación que
hacemos nosotros de los hechos objetivos. Por tanto, si el origen de las
desgracias se halla en nosotros mismo entonces mediante una preparación adecuada
se pueden disminuir los errores y vivir tranquilo.
Epicuro busca una solución para asegurar que el hombre sea
feliz. Ve que todos temen al
sufrimientos y al dolor y para acallar este miedo se engañan a si mismo con
falsas ideas sobre los bienes que persiguen y lo males que intentar evitar. La mente del
hombre se ve enturbiada por muchas ideas vanas y es la causa de que sea
desgraciado.
Como el placer es la completa ausencia de pena y ansiedad, el
placer se constituye una indicación de lo que es apropiado o inapropiado para
la naturaleza del hombre. Por lo tanto el bien es buscar el placer y evitar el
dolor. Pero no se deben elegir todos los placeres, porque muchos comportan
consecuencias desagradables.
La felicidad, en tanto ausencia de pena, depende del
ejercicio del juicio. Debemos meditar sobre las cosas que nos reportan
felicidad. No hay que elegir todos los placeres. El placer lo necesitamos
cuando su ausencia nos causa dolor, pero cuando la ausencia de placer no
produce dolor no tenemos necesidad del placer. Tampoco debemos elegir los
placeres cuando de ellos se sigue un trastorno mayor.
Cada placer es un bien, pero no hay que elegirlos todos. Lo
que hace la vida agradable es el juicio certero que examina las causas de cada
acto de elección o aversión y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquella
que llenan el alma de inquietud. El bien máximo es el juicio. No existe una
vida feliz sin que sea el mismo tiempo juiciosa.
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