lunes, 9 de octubre de 2017

La filosofía de Epicuro



El edificio filosófico de Epicuro descansa en la necesidad de calmar la angustia del hombre en este mundo. La condición básica para disfrutar de la tranquilidad epicúrea es aceptar los hechos naturales tal como son. Los errores y los engaños sobre el mundo y sobre nosotros mismos son los que constituyen la fuente de las desgracias humanas, por eso el problema del error y de la verdad se convierte en un punto fundamental de la doctrina epicúrea.

La causas de las desgracia es una mala interpretación que hacemos nosotros de los hechos objetivos. Por tanto, si el origen de las desgracias se halla en nosotros mismo entonces mediante una preparación adecuada se pueden disminuir los errores y vivir tranquilo.

Epicuro busca una solución para asegurar que el hombre sea feliz.  Ve que todos temen al sufrimientos y al dolor y para acallar este miedo se engañan a si mismo con falsas ideas sobre los bienes que persiguen y lo  males que intentar evitar. La mente del hombre se ve enturbiada por muchas ideas vanas y es la causa de que sea desgraciado.

Como el placer es la completa ausencia de pena y ansiedad, el placer se constituye una indicación de lo que es apropiado o inapropiado para la naturaleza del hombre. Por lo tanto el bien es buscar el placer y evitar el dolor. Pero no se deben elegir todos los placeres, porque muchos comportan consecuencias desagradables.

La felicidad, en tanto ausencia de pena, depende del ejercicio del juicio. Debemos meditar sobre las cosas que nos reportan felicidad. No hay que elegir todos los placeres. El placer lo necesitamos cuando su ausencia nos causa dolor, pero cuando la ausencia de placer no produce dolor no tenemos necesidad del placer. Tampoco debemos elegir los placeres cuando de ellos se sigue un trastorno mayor.

Cada placer es un bien, pero no hay que elegirlos todos. Lo que hace la vida agradable es el juicio certero que examina las causas de cada acto de elección o aversión y sabe guiar nuestras opiniones lejos de aquella que llenan el alma de inquietud. El bien máximo es el juicio. No existe una vida feliz sin que sea el mismo tiempo juiciosa.

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