viernes, 6 de octubre de 2017

¿Kleist?


La gente alaba mucho la reflexión, en especial la reflexión prolongada y a sangre fría antes de la acción. La reflexión encuentra su momento mucho más idóneo después que antes de la acción. Si entra en juego antes o en el momento decisivo, parece confundir, inhibir o reprimir la fuerza necesaria para la acción. Es después, cuando ya se ha realizado la acción, cuando debe sentir la necesidad de reflexionar, tomar conciencia de lo que ha sido defectuoso o débil en su conducta.
La vida misma es una lucha con el destino y la acción se parece a la lucha libre: en el momento en que agarras al adversario el atleta no puede en modo alguno obrar de acuerdo con otras consideraciones que las inspiraciones momentáneas.
Cualquier luchador que haya calculado que músculo debe ejercitar al máximo y que miembros a poner en movimiento a fin de vencer, será derribado. Después, cuando yace en el suelo, puede ser útil reflexionar sobre que acometida debió hacer para mantenerse en pie.

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