Nunca podemos en realidad conocer el estado de ánimo, los pensamientos y los sentimientos de los otros. Confiamos en señales a menudo ambiguas para que nos informen acerca de las actitudes y deseos de los demás. Usamos nuestro propio sistema de códigos para descifrar dichas señales.
El grado en que creemos en nuestra exactitud para adivinar los motivos de otra persona no está en relación con la verdadera previsión de nuestra opinión. La adivinación del pensamiento puede generar predicciones inexactas. Al buscar señales para darse cuenta de lo que ocurre en la mente de otra persona corremos el riesgo de elaborar explicaciones erróneas y extraer conclusiones equivocadas.
Como los estados internos de otra persona están fuera del alcance de
nuestros sentidos, confiamos en nuestra suposiciones sobre lo que
podemos observar. Los problemas se originan porque tendemos a creer
tanto en nuestras inferencias como en lo que observamos directamente.
Resulta decisivo distinguir las verdaderas causas de lo que hacen los demás. Puesto que esa compresión es tan importante leemos constantemente sus pensamientos y automáticamente consideramos las conjeturas como hechos. Hay una tendencia a sacar conclusiones rápidas a base de fragmentos de pruebas. Llegamos a un juicio repentino en el leve hilo de una prueba.
Si pudiéramos evaluar todos los hechos en una situación dada antes de llegar a una conclusión seria menos probable que cometiéramos errores. Sin embargo, rara vez tenemos el tiempo necesario para efectuar deducciones lógicas. Tenemos que confiar en una rápida interpretación, leer las señales. Una vez que se asigna un significado a un suceso es probable que se acepte como válido sin confirmar su exactitud.
Resulta decisivo distinguir las verdaderas causas de lo que hacen los demás. Puesto que esa compresión es tan importante leemos constantemente sus pensamientos y automáticamente consideramos las conjeturas como hechos. Hay una tendencia a sacar conclusiones rápidas a base de fragmentos de pruebas. Llegamos a un juicio repentino en el leve hilo de una prueba.
Si pudiéramos evaluar todos los hechos en una situación dada antes de llegar a una conclusión seria menos probable que cometiéramos errores. Sin embargo, rara vez tenemos el tiempo necesario para efectuar deducciones lógicas. Tenemos que confiar en una rápida interpretación, leer las señales. Una vez que se asigna un significado a un suceso es probable que se acepte como válido sin confirmar su exactitud.