lunes, 17 de julio de 2017

Francesco Alberoni

En general la experiencia de los demás no nos sirve en absoluto. No podemos aplicarla a nuestro caso porque la sentimos ajena. Todos aquellos que han experimentado determinadas situaciones quisieran transmitir todo lo aprendido a los demás. Pero por lo general esta transferencia es imposible.
Nos sentimos capaces de influir en las circunstancias más adversas y de tener éxito ahí donde otros han fracasado. Por eso la experiencia de los demás carece de valor. En realidad no logramos siquiera aprovecharnos de nuestra propia experiencia. Repetimos los mismos errores, nos colocamos en las mismas situaciones, reanudamos los mismos juegos como si siguiéramos el mismo libreto.
Ni siquiera cuando reflexionamos sobre nuestro pasado somos objetivos. Deformamos el recuerdo, lo falseamos, lo embellecemos o lo empeoramos.

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