viernes, 28 de julio de 2017

Antonio Gramsci

11 de febrero de 1917
La actividad científica es una cuestión que implica un esfuerzo fantástico; quien es incapaz de construir hipótesis nunca será un científico. También en la actividad política hay una gran parte para la imaginación; pero en la actividad política, la hipótesis no es de hechos inertes, de materia opaca a la vida; la imaginación en política tiene como elementos a los hombres, a la sociedad de los hombres, al dolor, a los afectos, a las necesidades de la vida de los hombres. Si un científico se equivoca en su hipótesis, no es tan grave, después de todo: se pierde una cierta cantidad de riqueza, de cosas: una solución se precipita, un globo se revienta.
Si el hombre político se equivoca en su hipótesis, es la vida de los hombres la que corre peligro, es el hambre, es la rebelión, es la revolución para no morirse de hambre. En la vida política, la actividad de la imaginación debe estar iluminada por una fuerza moral: la simpatía humana; y queda ensombrecida por el diletantismo, igual que entre los científicos.
El diletantismo que en este caso es falta de profundidad espiritual, falta de sensibilidad, falta de simpatía humana. Porque si se miden adecuadamente las necesidades de los hombres de una ciudad, de una región, de una nación, es necesario sentir esas necesidades; es necesario poder representar concretamente en la imaginación a esos hombres mientras viven, mientras trabajan a diario, representar su sufrimiento, sus dolores, los dolores de la vida que se ven obligados a vivir. Si no se posee ese poder de dramatización de la vida, no se pueden intuir las medidas generales y particulares que armonicen las necesidades de la vida con la disponibilidad del Estado. Si se desarrolla una acción en la vida, hay que saber prever la reacción que despertará, las repercusiones que tendrá. Un hombre político es grande en la medida de su poder de predicción: un partido político es fuerte en la medida de la cantidad de hombres con esa fuerza de los que dispone.
Uno de los caracteres italianos, y quizás el más maléfico para la eficiencia de la vida pública de nuestro país, es el definido por la falta de imaginación dramática. Cada medida es un anticipo de la realidad, es una previsión implícita. La toma de medidas es tanto más útil cuanto más se acerque a la realidad. Y para que eso suceda es necesario que el trabajo preparatorio sea completo, que en el trabajo preparatorio no se haya descuidado ninguna hipótesis, y de las infinitas hipótesis posibles se hayan descartado las que no resisten la prueba de la representación dramática.
Por lo tanto, las autoridades italianas, el gobierno, las autoridades provinciales, las ciudadanas, hasta ahora no han decretado medidas que no hayan llegado tarde, no han promovido una medida que no haya tenido que ser modificada para ser más pronto o más tarde anulada, porque en lugar de proveer, lo que hacía era recrudecer el malestar. No han conseguido armonizar la realidad, porque han sido incapaces de armonizar antes, en el pensamiento, los elementos de la realidad misma. Ignoran la realidad, ignoran la Italia que está formada por hombres que viven, trabajan, sufren, mueren. Son diletantes: no tienen simpatía alguna por los hombres. Son retóricos llenos de sentimentalismo, no hombres que sienten de manera concreta. Obligan a sufrir innecesariamente.
La multitud es ignorada por los hombres del gobierno, por los burócratas provincianos y de las ciudades. Son crueles porque su imaginación no imagina el dolor que la crueldad termina por despertar. No saben cómo imaginar el dolor de los demás, por eso son innecesariamente crueles.
No han previsto la importancia, la profundidad de los efectos inmediatos y lejanos. No han sentido el dolor: han creado el caos, han dejado que los más fuertes se aprovecharan económicamente, han dejado que lo poco que había se desperdigara. Han impuesto que el pan fuera así y así; en cuanto se ha publicado el decreto, las víctimas se han dado cuenta de que estaba mal, ¿por qué no se han dado cuenta los responsables? ¿Por qué no se representaron en el pensamiento a estas víctimas? ¿por qué no se dieron cuenta de que habría víctimas? Limitan el horario de uso del gas: no se preocupan por el hecho de que sólo dos horas de gas significa no poder preparar la comida para los que trabajan.

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