Yo tengo la peor idea de los que no se inclinan reverentes ante la ancianidad. Cualquiera sea la condición del hombre, una cabeza helada por el invierno de la vida me infunde siempre religioso respeto.
Quien sabe cuántas injusticias han herido ese corazón, quien sabe cuántos dolores han desgarrado su alma. No desdeñéis esas existencias retrospectivas que ocultan insondables profundidades, terribles misterios de amor y de odio, de nobleza y ambición, de generosidad y cálculo frio.
Si ellos os abrieran su pecho, leerías allí severas lecciones para
conformar vuestras acciones, para no incurrir en las mismas faltas y
errores que ellos cometieron.
Callan por discretos, porque la discreción es la última y la más difícil de las virtudes que aprendemos. Si los viejos hablaran, si en lugar de contarnos sus grandezas, sus glorias, sus triunfos juveniles, nos contaran sus miserias, cuanto desaliento nos infundirían. Respetad a los viejos porque deben haber sufrido mucho.
Me acomodé para escuchar con atención convencido de que los dramas reales tienen más mérito que las novelas de imaginación.
La historia de cualquier hombre es más complicada e interesante que muchos romances ideales que todos los días leemos con avidez.
Así como hay más chistes y más gracias circulando en este momento en el más humilde café que en esos libros forrados en marroquín dorado con que especula el ingenio humano.
Callan por discretos, porque la discreción es la última y la más difícil de las virtudes que aprendemos. Si los viejos hablaran, si en lugar de contarnos sus grandezas, sus glorias, sus triunfos juveniles, nos contaran sus miserias, cuanto desaliento nos infundirían. Respetad a los viejos porque deben haber sufrido mucho.
Me acomodé para escuchar con atención convencido de que los dramas reales tienen más mérito que las novelas de imaginación.
La historia de cualquier hombre es más complicada e interesante que muchos romances ideales que todos los días leemos con avidez.
Así como hay más chistes y más gracias circulando en este momento en el más humilde café que en esos libros forrados en marroquín dorado con que especula el ingenio humano.

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