Cuando yo era joven era así: lengua perezosa
y manos ágiles. Pero ahora, al cabo de tantas experiencias, he venido a
comprender que no son las obras sino la lengua la que ejecuta todo.Nada es mayor garantía para una victoria plena que una decisión tomada a buen tiempo.
Tiempo oportuno es lo mejor para toda humana empresa.
No te dominen ni un exceso de odio, ni un exceso de olvido.
Varón que algo grandioso emprende a pasos lentos andar debe.
Dar un fallo de prisa expone a mil errores.
De un gran rencor solamente pueden brotar males.
Nada hay como retirar los ruegos. Sea que plazcan, sea que causen indignación, las palabras prolongadas arrancan voz a los mudos mismos.
Locura es perseguir los imposibles.
No hay que buscar provecho sino donde es licito y no hay que buscar en cada hecho una ganancia. Mas pierde el anhelo de lucro a los hombres que les aprovecha.
Jamás conviene a los mortales hacer juramentos. Lo que primero se dijo y pensó, viene a caer por tierra ante los nuevos pensamientos.
Podrá muy sabio ser un hombre: jamás es para el una afrenta el recibir sabiduría de otros y no ser demasiado apegado a sus pareceres.
Cuando se sueltan indomables los torrentes del invierno, los árboles que doblan flexibles sus ramas, permanecen incólumes, en tanto que los que se muestran rígidos e indoblegables son los arrancados desde sus raíces.
Común es a todos los hombres cometer errores. Pero cuando ha errado no es un hombre sin voluntad, ni sin bríos el que hace por corregir su error y no se obstina en él. La obstinación es otro nombre de la estupidez.
Sófocles.
No te dominen ni un exceso de odio, ni un exceso de olvido.
Varón que algo grandioso emprende a pasos lentos andar debe.
Dar un fallo de prisa expone a mil errores.
De un gran rencor solamente pueden brotar males.
Nada hay como retirar los ruegos. Sea que plazcan, sea que causen indignación, las palabras prolongadas arrancan voz a los mudos mismos.
Locura es perseguir los imposibles.
No hay que buscar provecho sino donde es licito y no hay que buscar en cada hecho una ganancia. Mas pierde el anhelo de lucro a los hombres que les aprovecha.
Jamás conviene a los mortales hacer juramentos. Lo que primero se dijo y pensó, viene a caer por tierra ante los nuevos pensamientos.
Podrá muy sabio ser un hombre: jamás es para el una afrenta el recibir sabiduría de otros y no ser demasiado apegado a sus pareceres.
Cuando se sueltan indomables los torrentes del invierno, los árboles que doblan flexibles sus ramas, permanecen incólumes, en tanto que los que se muestran rígidos e indoblegables son los arrancados desde sus raíces.
Común es a todos los hombres cometer errores. Pero cuando ha errado no es un hombre sin voluntad, ni sin bríos el que hace por corregir su error y no se obstina en él. La obstinación es otro nombre de la estupidez.
Sófocles.
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